La semana pasada, la princesa de Asturias cenó en un céntrico restaurante cubano, en compañia de unos amigos.
Uno de los camareros, le habria reconocido y le preguntó que si era ella, a lo que contestó que no, que no era ella pero que solían confundirla, dijo un testigo de los hechos.
Letizia negó ser la princesa y siguió con la animada conversación que mantenía con sus amigos, que llegaron al restaurante minutos antes que lo hiciera ella.
Sin embargo, a pesar de lo desafortunado de negar ser la mismísima Letizia, en esta oportunidad su comportamiento no fue del todo reprochable como en otras ocasiones.
No estableció un perímetro de seguridad ni puso ninguna exigencia como hiciera hace unos meses cuando salió a cenar con su marido por la Gran Vía. Entonces, los demás comensales del restaurante no entendieron por qué nadie podía sentarse a su lado ni pasar cerca de ellos. La peor parte se la llevó un señor que casi termina con la pizza como sombrero cuando intentó fotografiar a la pareja. El gran equipo de seguridad que les acompañaba lo evitó.
Recordemos tambien cuando con un grupo de cinco amigas asistio al concierto de Bon Jovi, No compraron entradas y, para colmo, la organización se vio obligada a reubicar a los asistentes que sí que habían pagado para ver el espectáculo.
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